Besos de colores:
Quien me conoce de años, de hace más de cinco o seis años, sabe que antes tenía la costumbre de despedirme con besitos de colores.
Lo que no tanta gente sabe es que eso era más que una despedida, era un deseo, deseo de que la gente recibiera besos, besos como yo los concibo, besos que te posean y te pinten color, el color que tu elijas, como tantas cosas que se eligen.
Ayer me pidieron un beso de colores, y la verdad, me di cuenta que nunca había dado un beso de colores, es decir, nunca había hablado, narrado un beso de colores, porque mis besos de colores son pequeños cuentos. Prometí escribirlo y lo he hecho y me ha gustado, me ha gustado hacerlo, me ha gustado como ha quedado. Así pues, inmortalizo en Internet mi beso, para que no se pierda y de paso, os lo regalo.
Besitos de colores
Beso Verde Esmeralda para unos ojos verdes
Allí se encontraba, allí, enterrada en la roca, recibiendo apenas la luz,
allí estaba, esperando latir, esperando sentir el calor en su cuerpo,
porque aun siendo cristal definido tenía cuerpo, tenía alma.
Pero estaba encerrada, amordazada, rodeada de formas amorfas, ruido en la pureza,
ruido en el canto, conociendo su esencia y sintiéndose presa en el sempiterno silencio.
El agua corría a su alrededor, cantarina, la acariciaba y arrastraba con ella alguna de sus ataduras
y también sus lágrimas.
Y un día a través de sus ojos cerrados, rojos de llorar sintió más que vio un dolor que la laceraba,
un estremecimiento que no era una amenaza por algo inminente, era ese algo en si mismo,
se sintió desarraigada, arrancada de cuajo, vapuleada, golpeada, manoseada,
sometida a unas manos sin vida, sin sentimiento.
Después una luz la cegó, algo frío y punzante presionó su cuerpo, iba a morir, iba a morir y el
pánico no la dejó respirar.
Sintió un golpe seco, sintió que le arrancaban la piel, sintió dolor, algo que recorrió todo su cuerpo,
una descarga en todo su ser, pero, tras el primer instante, y notar que estaba viva, se dio cuenta que respiraba mejor que nunca,
que sus sentidos eran plenos,
que mil sensaciones la recorrían enseñándole, hablándole en un lenguaje que
era suyo, que estaba en su interior, que siempre había estado allí.
Su forma se hizo presente y fue, lo que siempre había estado destinada a ser, a pesar de la espera.
Y luego el sol, el sol la acarició calentándola y ella recogió su luz agradecida y la transformó dentro de ella,
devolviéndola aún más hermosa, devolviéndola convertida en un beso...
